Entre dolencias y desconcierto

Por: María Teresa Camacho





Cuando se lucha por conservar la vida con dignidad en un proceso de enfermedad todos los sentidos se agudizan y “se hila fino” como dice la expresión. ​Llevo semanas en estado de “shock” al  ver, leer y vivenciar la deplorable situación ​en la que se encuentra  mi país.  Tan es así que mi pluma entró en paro, nada raro ​en este país de irresponsables, por no decir otros apelativos.  ​

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Ese estado ​letárgico, llegó a su culmen y me “desbloqueó” al ver en la página 4 del día lunes  ​26 de noviembre de este año en El Tiempo la fotografía de la guerrillera holandesa Tanja Nijmeijer, que en compañía de sus secuaces, sonreía con aire triunfalista al entrar a un salón para participar en los díalogos de paz,  cuando debería taparse la cara de pena y de vergüenza ante el país que la acogió como educadora y la mentirosa  desvió su camino para participar como protagonista  con los alacranes de las FARC- que de paso se ven aburguesados y  “cebados” por  sus países amigos que los cultivan, cobijan y protegen- en actos desencarnados   que han dejado  ríos de sangre por los suelos de mi patria devastada.



Como colombiana y como mujer me siento repugnada al ver que el diario El Tiempo se le arrodilla y le da protagonismo a semejante personaje de escandalosa ortografía.  ¡No hay derecho que la libre expresión sea sinónima  de exaltación a asesinos, que bajo el sospechoso deseo de paz,   pongan a un diario otrora respetable, a ser portavoz de indignidad  y éste, por el afán de la chiva, se arrastre de manera tan mediocre y sorba del veneno del poder mal habido.  ¡Qué triste pensar que dicho diario huele a  “pasquín” sensacionalista! ¡“Ay, los que llaman al mal bien, y al bien mal; que dan oscuridad por luz, y luz por oscuridad; que dan amargo por dulce, y dulce por amargo”! (Is 5,20).



Si la enfermedad que padezco desde hace once años me ha dado agudeza, ¡bendita sea esa dolencia porque me tiene en alerta y no me permite desmanes por aquello del final encuentro con la señora muerte! Veo a mi país y a su gente y siento verdadera compasión, porque las opciones de de su clase dirigente han estrangulado las opciones de vida en los diferentes campos de lo humano.



Triste preámbulo para el cercano inicio del Adviento y época navideña.  ¡Qué sean estas palabras un remezón para todas y todos los  que duermen dejando que a Colombia se la devoren los violentos, que por momentos siento que me atrapan el corazón y me llevan a producir el mal que aborrezco!