El crucificado es resucitado ¡Aleluya, Aleluya!

​Por: María Teresa Camacho 

 

 

Hace treinta años, Popayán y sus habitantes vieron desaparecer con estupor y pánico mucho de su legado histórico por un terremoto que los azotó inmisericordemente. Dicho cataclismo partió su historia en un antes y un después y la hermosa ciudad, sepultada entre los escombros, evocaba más la desgracia, la desesperanza y el dolor que su lozanía de antaño.

 

Paradójicamente, la vivencia conmemorativa de la pasión y muerte del Crucificado que se acaba de celebrar durante la Semana Mayor viene también cargada de secuelas mortíferas, aquellas que deja el mal con sus pluriformes expresiones en la historia humana. Se hacen visibles sus laceraciones en el cuerpo del Señor Crucificado y, a su vez, en la comunidad universal de hermanos y hermanas en la fe.

 

Viviríamos los que creemos en Cristo en una total desolación si no hubiera acontecido el incomparable milagro de la Resurrección del Crucificado del lugar de los muertos. Esa es nuestra dicha y nuestro gozo, que el Dios del Cristianismo es un Dios de vivos y no de muertos. La explosión de la vida se manifiesta a través de un dinamismo perenne cargado de esperanza, paz, amor y justicia; en compasión y luz en medio de las tinieblas. La celebración de la Pascua es una celebración de vida. Sus espinas se transforman en rayos milagrosos y misericordiosos que sanan y liberan al/lacreyente. ¡Qué bueno es nuestro Dios-Jesucristo que ofrendó su vida para dar vida a tantos otros!

 

Esperemos con fe y esperanza que este acto de amor del Señor de la vida, se trasluzca en acciones bondadosas de los que creemos en Él para que la humanidad entera vea y viva los efectos de la Resurrección de Jesús de Nazaret, el Cristo de nuestra fe, que no pueden ser distintos a la comunicación de una vida llena de sentido glorioso que aniquila la muerte y todo su lastre.Que Colombia se levante del lugar de los muertos a la manera del Resucitado como lo hizo la linda Popayán para que todos nos alimentemos de verdadera esperanza, aquella que genera nuevas luces en senderos antes intransitados.

 

Que los escombros se conviertan en piedras angulares que sostengan eternamente la cordura de nuestras acciones para que la lucha tenga un horizonte liberador. ¡Felices Pascuas para todos los que las quieran acoger y, para los que no, también.