ESE SER LLAMADO MUJER

Por: María Teresa Camacho





 

La mujer ha tenido que sufrir su historia. Su lucha por ser valorada ha sido una tarea injustamente penosa. Su realidad ha sido confinada a interpretaciones miopes y reduccionista de las diversas culturas que osan definirla de maneras pluriformes, condenándola a una perenne reivindicación de sí misma para probarse digna y competente. 

 

Varón disminuido, la denominan unos; ser que no alcanza las esferas de lo humano, piensan otros y, para una gran mayoría, esclava y propiedad privada del macho, del hombre, del varón. Paradójicamente, ha sido para otros el ser ideal, irreal y platónico- la Dulcinea quijotesca- la criatura intocable dotada del halo ingenuo, puro y etéreo de una ninfa.



Restringida o sublimada por su historia e historiador, la mujer enajenada por la existencia impositiva o enaltecedora del varón ha olvidado el significado real de ser “mujer”, por complacer un imaginario colectivo orquestado por sus explotadores, por no pocas mujeres resignadas e impotentes y, otras, igualmente ambiciosas y deseosas de exhibir sus atributos, que buscan saciar su apetito voraz, traducido en codicia económica y lasciva.



Como no hay efecto sin causa, la opresión histórica revirtió en el surgimiento, de una ola de oxigenación llamada “liberación femenina”, que sirvió tanto de trampolín como de precipicio, hasta el punto de que algunas mujeres están recuperándose de esta “liberación” malentendida que se tradujo más en “carga pesada” para muchas, por osarsaltar al vacío sin previo análisis y preparación.



Está regresando del “éxodo” quien sí hizo buen uso del trampolín y lo hace como una mujer renovada, ávida de ser reconocida como interlocutora válida, como pilar fundamental de la sociedad global, como misterio insondable que exige un cauto y respetuoso acercamiento. Regresa por un tortuoso y espinoso sendero pero más conocedora de sí misma, con el honesto interés de encaminarse hacia nuevas maneras de ser, de hacer y conocer.

Para tal acontecimiento exige que quien la acompañe en esta decisión de proyectarse hacia novedosos horizontes debe estar dispuesto a deconstruir un pasado alienante que imposibilitó el encuentro, la toma de riesgos, las aventuras comunes sin contemplación de género, para realizar el simple y llano ejercicio de construirse mutuamente a partir del “verse” el uno al otro como un igual, como una persona digna de ser contemplada, valorada y respetada.



De este resignificado encuentro aflorarán nuevas fuerzas, quizás desde los cantos de cuna, desde la gozosa templanza, fruto del sacrificio y amor oblativos, desde la ternura que suaviza los espacios o desde el elocuente silencio que edifica la paz y trae armonía.

No en vano Jesús, el Galileo, con su actitud cercana rescató a la dolosa adúltera, a la confusa samaritana y a la rechazada Magdalena. No en vano confió en las mujeres la proclamación de su gozosa Resurrección. No en vano sus gestos recordaron que la mujer es cuna, fuente de donde emana lo excelso de la vida, donde se tejen los seres de calidad, como se tejió el nuevo Adán en el seno de María.



¡Mujer! ¡El mundo agoniza lentamente! ¿Cómo hacer caso omiso de la urgencia de turespuesta y la prontitud de tu actuar?





Ese ser llamado mujer