GRACIELA Y LUIS

Por: María Teresa Camacho





Hoy me ocurrió algo único por lo emotivo y trascendental.  Venía caminando hacia el norte por la carrera 11 con 90 y a lo lejos divisé una mujer indígena con un bultico apretado a su seno.  Mi corazón tuvo una “moción” inmediata y alisté “en mi mente” una dádiva para aquella peculiar mujercita. Cuando  estábamos a unos pocos metros la una de la otra, nos miramos fijamente y ella inclinó su carita con el consabido gesto ¿“me regala una monedita”?  Sorpresivamente, del bultico de tela que llevaba ajustado  al pecho, se asomó la carita más expresiva que yo haya visto encuadrada en un sombrerito muy típico y mi impulso automático fue el de acariciarle uno de sus redondeados cachetes y, simultáneamente, preguntarle  a su mamá cómo se llamaba esa preciosidad.  Me dijo: “Luis”.  Me dirigí al bebé:  ¡“Luis, qué bello eres”!  Volvió a sonreírme y me cautivó. 

Graciela -así se llamaba su madre- me sonrió complaciente y me percaté que en esa sonrisa amplia y generosa  no tenía un diente y ése, precisamente, era su fascinante encanto, que denotaba abstracción de todas las pretensiones sociales de la “sonrisa perfecta Colgate” y  de las vanidades inculcadas por una sociedad que consume a ultranza.

 

Intercambiamos palabras, gestos, amor.  Cuando me alejé, sentí una profunda nostalgia; la nostalgia de nunca haber sentido esa intimidad con una criatura, con un hijo, porque nunca lo tuve.  Graciela llevaba a cuestas un misterio que yo nunca viví;  haber dado a luz, haber amamantado, haber entregado la vida para cuidar otra. ¡Lloré….sí, porque surgió en mi corazón la añoranza de una posible maternidad que nunca  busqué realmente.  Ese bebito llamado Luis desde su cobijada y protegida realidad en el seno de su mamá, me inspiró el deseo de vivir esa intimidad madre-hijo, que sólo aquéllas que han dado a luz, saben en lo más profundo de su ser a lo que me refiero.

 

¡Gracias, Graciela!  ¡Gracias, Luis!  El cruce de nuestros caminos ese día contenía la impetuosa fuerza de la vida que se expresa en todo parto, cuando la madre oblativa y generosa da todo de sí para que brote el nuevo ser  con todo su misterio y expresión.

 

 

 

P.D. Este escrito se los dedico a todas ustedes, queridas mujeres mamá.





Graciela y Luis