!Habemus Papam!

Por María Teresa Camacho



 

¡Hay momentos que llamamos históricos, cuando se conjugan la expectativa, la especulación, la emoción y la esperanza! Así podría describir lo que el mundo católico y no católico ha vivido desde el día en que el Papa emérito renunció y la ‘sede vacante’ nos adentró en un ‘silencio eclesial’, expresado por medio de signos puntuales: las luces de los aposentos del Papa se apagaron en el Vaticano, el Angelus no se volvió a rezar desde la sede, las campanas se acallaron y la guardia suiza transfirió el mando. En fin, la Madre Iglesia quedó en santa espera.

 

Hoy, después de muchos días de ‘pasión’ y horas de significativa espera desde que los cardenales entraron al cónclave, el pueblo católico, con la mirada clavada en la chimenea de la fumata, esperaba con ansia el signo ‘blanco’. Pasadas las siete de la noche, hora de Roma, retoñó la esperanza de manera escalofriante ante la exclamación: ‘Habemus Papam’. El Espíritu ‘había indicado’ al mismo cardenal que hace ocho años, había pedido entre lágrimas a los cardenales que no votaran por él, porque había uno más adecuado para ocupar la sede papal. Se refería, entonces, al papa emérito.

 

Creo que el Dios de la vida no se queda con nada. ‘A Dios lo que es de Dios...’ y, hoy, por inspiración de su Santo Espíritu, Francisco I, fue su elegido como primer Papa latinoamericano. Esta vez, el deseo divino fue un imperativo, que lo obligó a doblar humildemente la rodilla e inclinar el rostro, porque ante el ‘segundo llamado’, solo podía emitir: ‘Heme aquí, Señor, para hacer Tu voluntad.’

Reconozco que este ‘nuevo sabor y esta nueva expresión’ de tinte latinoamericano no la esperábamos muchos y nos tomó por sorpresa, porque suele ocurrir que los medios ‘teledirigen’ la opinión pública y nosotros no indagamos más allá de los dictámenes mediáticos.

 

¡Errar para aprender!Sin embargo, tengo que reconocer que al ver aparecer su ‘estampa blanca’ en el balcón como nuevo Pastor, ‘saltó de gozo’ mi corazón y, entre lágrimas, le di la bienvenida a este hombre de Dios, amante de los pobres, de rostro amable y sencillo, que con su actitud de entrega orante al Pueblo santo congregado en la plaza de san Pedro, indicó ya un camino eclesial de cercanía y hermandad entre todos los hombres y mujeres, habitantes de este mundo, dentro y fuera de Roma.

 

 

¡Bendiga Dios a nuestro nuevo Papa Francisco I, le dé sabiduría y visión para encaminar a nuestra Iglesia hacia el Manantial de Agua fresca, en compañía de la Virgen María, pero sobre todo, lo revista de amor por la humanidad para que logremos, finalmente, cristalizar los profundos deseos de la Nueva Evangelización, que se vislumbran ya en este año de la fe!