Cuando el populismo raya en la insensatez

Por: María Teresa Camacho.





 

Cuando leí hace pocos días que el “presidente” de Venezuela, Nicolás Maduro había dicho haber dormido muchas veces en la tumba de Chávez para
"reflexionar”, pensé en lo que son capaces de fabricar los seres humanos para conservar la mal habida golosina del poder. ¡Su desatino raya en la insensatez y la franca ridiculez! Y para completar, éste afirmó que Chávez fue como “Cristo Redentor”, pues “¡vino a proteger a los que nada han tenido!”. ¡Qué irresponsable este insolente! ¡Qué atrevido comparar a Cristo con semejante personaje oscuro, que lo que ofrecía a los “supuestos desprotegidos”, era producto de sus desmanes y su abuso del poder! ¡Qué respete!


Siento verdadero desconcierto por estos gobernantes capaces de cualquier elucubración con tal de confundir a la gentecita, que por una dádiva, es capaz de seguirle la cuerda a un bufón.


De igual manera, estoy viendo a nuestro presidente que no sabe qué hacer para perpetuar en el imaginario colectivo su deseo codicioso de repetir presidencia, cuando todos sabemos que nuestro país va por un sendero enrarecido y él camina torpe- aunque piensa “exitosamente”- con sus aúlicos por otro.


Sigo sin entender cómo los países latinoamericanos persisten en elegir a tantos incapaces que juegan a la ruleta rusa con los ciudadanos y desfiguran el concepto de democracia. ¿Qué hay en nuestra infraestructura psicológica como pueblos que nos volvemos borregos de dirigentes mentirosos, leguleyos y abusadores?

 

 A pesar de que muchos se jactan de haber “sacado a Dios” de sus vidas, pienso que si no fuera por la fuerza transformadora de la acción divina, Colombia moriría de inanición moral. Afortunadamente, Él no necesita plataforma para actuar ni sórdidas mesas de negociación para realizar sus propósitos. Solo necesita corazones abiertos y dispuestos para construir el bien. Milagrosamente, hay quienes siguen luchando por instaurar ese Reino de Dios, refundido pero real, con la intención de controlar esa víbora llamada mal que acecha toda conciencia. El juicioso y honesto trabajo de muchos desde que raya el alba hasta cuando cae la tarde es nuestra gozosa esperanza. Sea Dios nuestro norte para no perder el
horizonte de la cordura en medio de la confusión y la incertidumbre. Sabemos que el combate es con legiones, revestidas de ángeles de luz. Sin embargo, no hay por qué temer ya que no es más fuerte quien vocifera más duro, sino quien ha logrado “alinear” su corazón con el de Dios para resonar con todo lo bueno que proviene de Él, con el fin de construir remansos de paz y de justicia.