La significativa semana mayor

Por María Tereza Camacho

 

 

El largo camino cuaresmal de penitencia, ayuno y meditación culmina para dar paso a la Semana Mayor, la más significativa de nuestra fe. Se inicia con el Domingo de Ramos, que como todo domingo, celebra la Resurrección del Señor. Los cristianos-católicos se aprestan con unción y gozo para contemplar y vivir los episodios más trascendentales de la vida de su Señor, Jesús de Nazareth, el Cristo de la fe.

 

La entrada de Jesús a Jerusalén, montado en un humilde burro, entre palmas y ramos, como signos populares de victoria, evocan la entrada del Siervo de Dios que camina hacia la muerte y, a su vez, recuerdan la entrada del Señor que va a ser glorificado. Recibe alabanza como todo un Rey, como el Hijo de David.

 

Los primeros tres días santos- lunes, martes y miércoles- de esta Semana Mayor se ora, reflexiona y profundiza la Pasión, muerte y resurrección del Señor Jesucristo con el fin de prepararse a vivir plenamente desde lo más profundo de nuestra vida cristiana, el acontecimiento más contundente y trascendental del Cristianismo: ¡La Muerte y Resurrección del Señor! La Cruz gloriosa nos ofrece la eterna salvación. Por tal razón, san Pablo nos recuerda que si Jesucristo no resucitó, vana sería nuestra fe y nuestra predicación.

 

Tres temas fundamentales se celebran el Jueves Santo: el sacramento de la Eucaristía, como signo visible de unión, fraternidad, alegría comunitaria y de acción de gracias; el sacramento del Orden Sacerdotal, que recuerda a Jesucristo como el primer sacerdote que amó, sirvió y se entregó por la humanidad y, finalmente, la caridad. El Viernes Santo, primer día del Triduo Pascual, se evoca la cruz y la muerte del Señor y la comunidad eclesial lo acompaña con austeridad, ayuno y oración en su marcha hacia la muerte.La meditación centrada en la “ausencia del Señor” es el tema central el Sábado Santo, como segundo día del Triduo Pascual. En la experiencia del vacío, expresada a través del recogimiento y el silencio, la Iglesia militante espera el anuncio de la victoria sobre la muerte.

 

Culmina la Semana Mayor con el grito glorioso del Domingo de Pascua que lleva contenido la fuerza de la vida y de la salvación. La Iglesia universal se regocija y exclama que el Resucitado y glorificado es nuestro Camino, nuestra Verdad y nuestra Vida.

 

¡ Aleluya, Aleluya!